BALADA DEL CAFÉ TRISTE

Ven otra vez a buscarme,
a decirme con tu sola vista que eres cierta,
que no te han podido mis ausencias
ni la piedra angular que sin quererlo
me ha desfondado la edad y los bolsillos.
Tú no quiero me mires cuando caigo,
tú no quiero que sepas la calle
anebladamente blanda que recorro,
ni las paredes altas del cuarto donde vivo,
ni de mis orfandades.
Ven tu risa, ven tus ojos,
ven tus manos para guardarme un rato.
Tú no quiero te limes las queridas uñas de tus manos
¿dónde si no se rasgaría mi espalda?
Tu no quiero te acortes la extensión de tus cabellos
¿dónde si no me morirías?
Ven siempre: sorpréndeme, deslúmbrame,
desbarátame lo quiero, lo callado,
desescómbrame, rómpeme la madre
con sola tu presencia lúmbrica, y sobre todo,
múestrame las arrugas de tu cara,
las circundantes de tus ojos
que con su mero hacerse flor
me dicen qué tan hondo
te está calando la tristeza.
Ay manita, ay bruja
de mis ya quisiera amores, cómo decirte
sin que me lo tomes demasiado a bien,
que me gustan a rabiar tus ojos,
ay tus inmensos ojos
de mirar mansamente abueyunado.
Y si tú lo quieres, si tú me dejas,
seré redondo y casto y musical
y tierno como un cerdo.
Ven otra vez, cuando tengas
a la mano un rato, un poco de ganas.
Te diré que había una vez un niño
al que se le creció una flor en la garganta
y se la dejaron marchitarse,
que había una vez un niño
que jugaba a ver si un día
podía jugar igual que juega un niño.
(Sí que griten
hasta que cada uña se les vuelva fruto,
o hasta que se les rompa el corazón, de veras,
pero que sea del puro nomás estar alegres.)
Ven otra tarde tercamente como ésta.
Y diremos tonterías
y comeremos pastel y fumaremos
y perderemos perdiéndonos el tiempo
¿quieres?
Seré dócil y plácido y feliz
como el más dócil y plácido
y feliz de los inmortales.
Hoy no. Es imposible.
Hoy me amanecí capaz sólo
de estar enrabecidamente triste
y trastornado y deambulante y colérico
y como con ánimos de toparme en una vuelta
con el insulto heridor de algún silencio.
Hoy necesito roer, hendir preciso el nido
de esta puta desesperación y extirpar todas su ovas.
Hoy sabes,
está naciendo la muela del juicio a mi corazón,
nada serio, nada del otro mundo, no mata,
pero carajo.
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Agustín Monsreal. Canción de amor al revés






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